9 de agosto de 2025

 Historia de la princesa y el sapo


dom, 3 jun 2007, 20:09
Todo comenzó un día en que nació una bella doncella, su hermana, 
 la cuál era terrible culebrona envidiosa y le faltaba un grano mas 
para recibirse de choclo la maldijo profetizando
- "amarás a quién no te ame y por mucho que te esfuerces 
nadie te va a amar, zoqueta"-
Y así fue que la princesa siendo a la tierna edad de los quince años, 
era un terrible minón en potencia, y sin embargo no le daba pelota 
ningún chongo y ella, amando a todos los que no le daban pelota,
 se convirtió en flor de trola.
Zeus, quién sufría de unos pedos terribles, hacía bramar el Olimpo 
con sus sonidos y su aroma descomunal, así que erase que una vez,
 habiéndose silenciado su colon inmortal, mirose el trasero  
(nadie sabe bien por qué ni cómo lo logró) y mas allá, en las lejanías
de la tierra, vio él a esta pobre princesa doblegada en postrer 
de un vil muchacho que prometía amor eterno a cambio 
de una sobada patria (algunas minas creen esos cuentos),
indignado y un tanto envidioso de la suerte (de ella que le sobaba
el ganzo al nene, porque Zeus medio que se la morfaba y por eso
no había tapón que le cerrara el orto, al menos eso dicen las malas lenguas).
Bue... Lo cierto es que mandó un contra hechizo, 
y como no podía hacer que alguien humano quiera a la pendeja 
(no porque sea fea, sino porque tenía fama de puta), 
entonces mandó a un sapo a que le haga compañía.
O sea, la cuestión acá, es que si bien el sapo era un bicho, 
la princesa, si bien al principio sintió repulsión prontamente se encontró
encantada al oír que el sapo, no sólo croaba sino que además, 
era profesor de literatura, eructaba después de manyarse alguna mosca
y se tiraba algún que otro flato citando a Nietzsche.
Era un dandi este gringo.
Así fue que la amistad cada vez fue siendo mayor, princesa y sapo
se iban a retozar por los campos de oro mientras Sting se fumaba un paco
y componía letras, pintaban bigotes y "puto el que lee" en los afiches 
de las modelos, tocaban campanas en las casas y salían cagando.
La princesa sentía que junto al sapo, podía ser ella misma... 
No le jodía eructar en la mesa ni tirarse un "sordito", 
no le jodía chorrear sangre cuando estaba en "esos días" ni mucho menos, 
que la sangre se le secara en los pelos sin afeitar de la entrepierna.
Es mas, el sapo exclamaba alegremente al verla en ese estado :
"¡¡COMO ME BAJARÍA UNOS FIDEOS CON TUCO, MI DIO´!!!!
Ella reía y todo era felicidad.
Mas el sapo sin entender como, cada vez que la veía, sentía mariposas 
revoloteando en su estomago (es probable que esto se debiera al hecho 
de que se las comía vivas), pero como era un romántico, 
prefería creer que estaba enamorándose de ella, 
convengamos que el hechizo servía para humanos, 
no para sapos letreados y con lentes y por estas alturas, 
la princesa tenía 18 años y era terrible perra en celo.
Lógicamente, como pasa siempre que uno se enamora de una mina 
con la que hay mucha piel, la mina le saltó con el clásico.
- "HAY, PERO YO TE QUIERO COMO UN AMIGO!!!!".- 
Mientras se cambiaba la tanga delante del sapo.
Este, que no era ni lerdo ni perezoso, salto de la ventana a la cama, 
no con las patas precisamente al sentir tal erupción al verla en bolas
y al grito kamikaze de "TE ROMPO EL CULO!", dejó al descubierto terrible 
matraca festiva y poco intelectual.
La princesa, sorprendida quedó atónita y con un hilo de baba en la comisura
de su boca, respiro hondo y...
Cantó el gallo
Cayó la bomba atómica
Jebus se tiro un sordito
María se violo al espíritu santo
Y el burro de Shreck se empomó a tu hermana.
Pucho después, la princesa comprobó algo, medio avergonzada
que No le había dado ni siquiera un pico al sapo, pero a este no le importaba, 
estaba con la japi metida en una cubetera llena de hielo.
"Sapo, déjame besarte, yo te quiero..." Exclamó.
El sapo la miro y pronunció solemnemente, como quién profesa su mayor dogma:
"Pero tómatelas, chiruza!!!! ya tá, polvo hechado amor terminado... 
Me voy a jugar un fulbo con Antz, los de bichos y el oso Arturo, PUTA!!!!"
Y así queda esta triste historia, de la princesa que se enamoró de un sapo, 
creando así la zoofilia, de un Dios puto y de los seres humanos, 
que sean la raza que sean, terminamos siempre queriendo 
echarnos un polvo y nada mas.


                                                         Lobo.

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