30 de agosto de 2025

 

                        Cuarto 103

 

 

El turno había llegado a su fin, al menos así lo había anunciado la fría y monótona voz del megáfono.

Isabella estaba secándose el cabello con un aire de alegre complacencia, Charly, aún agotado después de semejante maratón ya estaba casi vestido, fumando un cigarrillo recostado sobre un brazo en la cama desarmada, contemplando como su figura se fundía con el humo del cigarro y el vapor de la ducha de la que ella acababa de salir. –“Fue una buena revolcada”- Pensó mientras daba otra calada sonriendo.

Ella terminó de peinarse, se puso su campera corta y tomando su bolso le arrancó riendo el cigarrillo a Charly para tirarse encima de él una vez más, había sido una buena noche, siempre lo eran cuando estaba con él. Lo miró a los ojos un momento, la mataba su forma de mirar que tenía ese flaco; por mas que riera o solamente sonriera, sus ojos siempre parecían languidecer en una profunda, oscura y privada melancolía. Su sonrisa y esos ojos eran una combinación mortal para ella. Antes de levantarse de la cama y acercarse a la puerta de salida lo tomó por la perilla y le dio un profundo beso.

Isabella salió del cuarto con una sonrisa cómplice, satisfecha y picara, Charly sonreía mirándola mientras cerraba la puerta del cuarto 105. A su espalda una pareja se acercaba por el pasillo. Todo pasó en menos de un minuto.

Charly no necesitó darse vuelta para reconocer la voz de ella, la reconocería en un mar de gente gritando, tan fuerte como gritaba su corazón de golpe en un galope acelerado. –“Tiene que ser una puta broma”- Pensó –“Entre tantos Telos que hay en todo Buenos Aires ¿Tiene que venir justo a este?”-. Miró a Isabella y forzándose a sonreírle como si nada pasara, con una calma ensayada en el día a día donde las ausencias y la soledad son monedas corrientes, tomó su mano y se encaminaron por el pasillo, hacía la pareja, hacía el ascensor, hacía la salida.

La rubia estaba parada frente al cuarto 103, entre risas y prometedoras caricias de su pareja sacaba una foto al número de la puerta. - “¡Para la posteridad!”- Bromeaban entre ellos; ella era de estatura un poco más que media, unas curvas que tentaban a jugarse el alma en una sola mano, toda ella cuero, tacos altos y terciopelo negro.

Su pareja era, según juzgó Charly; otro cheto pelotudo.

Cuando la pareja dio paso a Isabella y a Charly, sus ojos y los de la rubia se cruzaron un instante y aunque ella no lo reconoció, él la conocía desde hacía mucho, de otros tiempos, de otras vidas, de otro piso de oficinas en la misma empresa.

Charly era portero, ella sabe Dios qué, pero ahí estaba, frente a él como tantas veces lo había estado, mirándolo sin verlo. Y él, muerto por dentro deseando jugar su única carta, lanzarla sobre la mesa y que explote el mundo. Decirle:

 

- “Discúlpame, pero ando medio oxidado en esto de decir las cosas que siento; como decirte que sos mi primer y último pensamiento cuando las luces del día se van apagando, y mi más sincera sonrisa cuando te veo aparecer de camino hacia mí. Que me pongo nervioso buscando algún tema de conversación para parecer interesante y seducirte o con la inteligencia, con la risa o con la suerte, pero me quedo callado, no me sale ni un “Hola” y siempre se me muere en un susurro un “adiós” cuando te vas… Quisiera decirte: dale, el tiempo pasa y no tenemos toda la vida para esperar que el destino decida lo que tenga que ser. Anímate a saltar conmigo y que el viento nos lleve. Pero puta madre, la angustia me recuerda que quién pega primero pega dos veces y yo estoy aterrado ante estos pequeños fragmentos de mi alma, vidrios rotos de un espejo.

Tu cuerpo son palabras en el viento

Sombra de ensueño son tus besos

Sueño del deseo es mi ilusión.

Te amo en la ausencia

Salvaje y dulce desconocida

Y me encuentro agonizando

En lo que podría ser            

                                       Y no es.”

 

Fue solo un momento que para Charly duró una eternidad, para la rubia un instante fugaz y el mundo siguió girando ajeno a los tiempos del amor de uno y del desinterés de otros. La pareja se perdió entre risas y besos en el cuarto 103, prometiéndose una velada de lujuriosa y feroz pasión. Charly entró al ascensor tomando de la mano a Isabella, quién se acurrucó contra su pecho cariñosamente. Charly le acarició con los dedos los cabellos de ella y la abrazó con ternura, escondiendo la sonrisa más triste que nunca tuvo y sus ojos que anunciaban un aguacero silencioso.

Mientras descendían hacia la calle, hacia el mundo y su implacable e indiferente tumulto de vidas, ruidos e historias, Charly miró a Isabella y pensó:

 

“Así como ella me ama, yo no puedo amarla igual porque amo a otra, que a su vez ama a otro ajena al dolor que me produce y quizás ese otro, ame a otra que indiferente a lo que él siente, espera a otro que la ignora y así sucesivamente en un ciclo interminable de apurados intentos de llenarnos con quién sea por el tiempo que sea con tal de sentirnos menos vacíos, menos solos…

Y si fuese así entonces sí,

 

                                          Quizás el amor sea un juego perverso.”

11 de agosto de 2025

No, no te creo


No te creo, no importa lo que hagas ahora para remediar el daño que produjiste; me importa lo que hiciste antes para que llegásemos a este momento.

A veces un "Lo siento" no basta.

¿De que sirve que pongas una misera curita al abrir de nuevo semejante tajo?


Lobo.



9 de agosto de 2025

 Historia de la princesa y el sapo


dom, 3 jun 2007, 20:09
Todo comenzó un día en que nació una bella doncella, su hermana, 
 la cuál era terrible culebrona envidiosa y le faltaba un grano mas 
para recibirse de choclo la maldijo profetizando
- "amarás a quién no te ame y por mucho que te esfuerces 
nadie te va a amar, zoqueta"-
Y así fue que la princesa siendo a la tierna edad de los quince años, 
era un terrible minón en potencia, y sin embargo no le daba pelota 
ningún chongo y ella, amando a todos los que no le daban pelota,
 se convirtió en flor de trola.
Zeus, quién sufría de unos pedos terribles, hacía bramar el Olimpo 
con sus sonidos y su aroma descomunal, así que erase que una vez,
 habiéndose silenciado su colon inmortal, mirose el trasero  
(nadie sabe bien por qué ni cómo lo logró) y mas allá, en las lejanías
de la tierra, vio él a esta pobre princesa doblegada en postrer 
de un vil muchacho que prometía amor eterno a cambio 
de una sobada patria (algunas minas creen esos cuentos),
indignado y un tanto envidioso de la suerte (de ella que le sobaba
el ganzo al nene, porque Zeus medio que se la morfaba y por eso
no había tapón que le cerrara el orto, al menos eso dicen las malas lenguas).
Bue... Lo cierto es que mandó un contra hechizo, 
y como no podía hacer que alguien humano quiera a la pendeja 
(no porque sea fea, sino porque tenía fama de puta), 
entonces mandó a un sapo a que le haga compañía.
O sea, la cuestión acá, es que si bien el sapo era un bicho, 
la princesa, si bien al principio sintió repulsión prontamente se encontró
encantada al oír que el sapo, no sólo croaba sino que además, 
era profesor de literatura, eructaba después de manyarse alguna mosca
y se tiraba algún que otro flato citando a Nietzsche.
Era un dandi este gringo.
Así fue que la amistad cada vez fue siendo mayor, princesa y sapo
se iban a retozar por los campos de oro mientras Sting se fumaba un paco
y componía letras, pintaban bigotes y "puto el que lee" en los afiches 
de las modelos, tocaban campanas en las casas y salían cagando.
La princesa sentía que junto al sapo, podía ser ella misma... 
No le jodía eructar en la mesa ni tirarse un "sordito", 
no le jodía chorrear sangre cuando estaba en "esos días" ni mucho menos, 
que la sangre se le secara en los pelos sin afeitar de la entrepierna.
Es mas, el sapo exclamaba alegremente al verla en ese estado :
"¡¡COMO ME BAJARÍA UNOS FIDEOS CON TUCO, MI DIO´!!!!
Ella reía y todo era felicidad.
Mas el sapo sin entender como, cada vez que la veía, sentía mariposas 
revoloteando en su estomago (es probable que esto se debiera al hecho 
de que se las comía vivas), pero como era un romántico, 
prefería creer que estaba enamorándose de ella, 
convengamos que el hechizo servía para humanos, 
no para sapos letreados y con lentes y por estas alturas, 
la princesa tenía 18 años y era terrible perra en celo.
Lógicamente, como pasa siempre que uno se enamora de una mina 
con la que hay mucha piel, la mina le saltó con el clásico.
- "HAY, PERO YO TE QUIERO COMO UN AMIGO!!!!".- 
Mientras se cambiaba la tanga delante del sapo.
Este, que no era ni lerdo ni perezoso, salto de la ventana a la cama, 
no con las patas precisamente al sentir tal erupción al verla en bolas
y al grito kamikaze de "TE ROMPO EL CULO!", dejó al descubierto terrible 
matraca festiva y poco intelectual.
La princesa, sorprendida quedó atónita y con un hilo de baba en la comisura
de su boca, respiro hondo y...
Cantó el gallo
Cayó la bomba atómica
Jebus se tiro un sordito
María se violo al espíritu santo
Y el burro de Shreck se empomó a tu hermana.
Pucho después, la princesa comprobó algo, medio avergonzada
que No le había dado ni siquiera un pico al sapo, pero a este no le importaba, 
estaba con la japi metida en una cubetera llena de hielo.
"Sapo, déjame besarte, yo te quiero..." Exclamó.
El sapo la miro y pronunció solemnemente, como quién profesa su mayor dogma:
"Pero tómatelas, chiruza!!!! ya tá, polvo hechado amor terminado... 
Me voy a jugar un fulbo con Antz, los de bichos y el oso Arturo, PUTA!!!!"
Y así queda esta triste historia, de la princesa que se enamoró de un sapo, 
creando así la zoofilia, de un Dios puto y de los seres humanos, 
que sean la raza que sean, terminamos siempre queriendo 
echarnos un polvo y nada mas.


                                                         Lobo.

6 de agosto de 2025

Silencio

                  Pidió a todas las voces

a todos los clamores

    al mundo entero

             Dentro de sus caóticas

Diagonales.

      Buscando paz

tapó sus oídos

      cerró sus ojos

            ocultó su corazón.

Y ahora deambula

       como un fantasma

            por las calles sin nombres

                 (ecos de una eternidad)

    Buscando una esquina

          susurrando un nombre

               llorando un rostro

 recordando un olvido

Y olvidando un  

              presente.



                                      Lobo

4 de agosto de 2025

 "Ahora que lo pienso, nunca supe de un verdulero que conquistara a una modelo. ¿Será que el amor se divide y no mezcla clases sociales y depende más del status cuo que de la pasión?

Abrite y sacalo afuera Faca, no lo dejes dentro porque va a seguir pudriéndose y enajenando el alma como tantas otras cosas que te guardas y te queman por dentro, pero ¿Cómo se hace para seguir adelante con algo que te llena  de amargura y te deja a la vez tan vacío?

Nunca, pero NUNCA hay que mendigar amor y sin embargo los cambios no pueden venir siempre de uno, son esos pequeños detalles los que le dan mística a una receta... Y también los que la pueden arruinar. Amar es un arte que hay que cuidar. 

El otro día hice una prueba, me dije - Salgamos de esta rutina- y tomé el control del sexo como hacía tiempo no lo hacía, jugué con mis dedos sin despertarla, invoqué el poder que tienen mis manos y sin tocarla le hacía erizar toda la piel, la penetré despacio, fuerte, cuando despertó la dejé tomar el control y después se lo quité para controlar nuevamente la situación. La cambiaba de posición de a ratos, sé que cada postura toca ciertos puntos del cuerpo y hacen explotar a cualquiera. Si hay algo que sé a ciencia cierta, es que el tiempo me volvió un experto en reconocer tácticas y estrategia en el arte de amar. Controlé mis impulsos y mi urgencia; se trataba de gozar haciéndola volar a ella... Y dio resultados positivos. Podría haber durado aún más, me conozco, pero me dejé llevar por mis pensamientos y deseos de acabarle en la boca, la cara, las tetas, el culo, todo estaba permitido y eso me volvía loco pero exploté dentro de su concha como de costumbre y quejas no hubo, fue un estallido mágico, parejo, de esos que te dejan sin aliento y con las piernas dormidas. Y ahí estábamos después, tratando de recuperarnos en el que con tono entrecortado le pregunté -¿tenés idea de cuantos fueron?- y con una sonrisa de satisfacción me soltó así sin más- Hasta donde recuerdo, unos 23 polvos-.

Ok, el problema no soy yo, si te hago gozar como una perra y aún sabiendo lo mucho que te gusta que te coja, no sos capaz de buscarme o al menos esperarme en la cama en pelotas. Entiendo que tenés traumas, que te cuesta dar... Pero no te costaba con el otro.

Yo cambié mucho, te perdoné heridas que cada tanto sangran y que sin querer, con minucias te encargas de volver a abrir pero, hey, todo cambio no puede venir de mi solamente, o nos adaptamos ambos y te das cuenta que tu cansancio me cansa y te pones las pilas, o veo un futuro negro para esta relación..."



                                                                     Lobo