10 de enero de 2026

No. Esa es el adverbio más temido por aquellos que quieren imponerse a nuestros derechos.

También es la palabra más evasiva cuando nos enfrentamos a nuestro propio espejo, que nos devuelve una imagen cruda de lo que realmente somos.

¿Pero qué somos al fin de cuentas? o ¿Quiénes somos? Quizás depende de las vivencias que forman nuestro carácter. No todos nacemos en una cuna de oro y mimados por manos suaves que nos apoyan en todo, que nos acarician cuando estamos heridos.

Y ahí reside nuestra respuesta hacía el mundo: damos lo que recibimos y si no nos dan lo que queremos, el culpable es el otro. No uno mismo. Nos faltan los medios, las ganas, la paciencia y el valor para salir a buscar lo queremos y descargamos nuestra frustración con los demás.

Pero lo cierto es que nunca podemos anticipar las vueltas de la vida. No sabemos que acto de nuestra parte puede ser el boleto ganador, el que nos cambie, el que nos dé una oportunidad para empezar de nuevo.

No, no quiero seguir jugando el juego de quién cede primero. Silenciosos rostros me ven a través de limbos que desconozco, EL MUNDO PIDE SANGRE Y YO ME ESTOY DESANGRANDO. Y aún así sigo, agotado, caminando completamente quieto, en mi mente veo mil ramificaciones de posibilidades y no encuentro la salida y todo se vuelve tormento.

Me faltás vos.

Mis dientes mordieron la presa sabiendo que no podía retenerla, mis manos arañaron la dulce imagen de tu figura y destrozó toda posibilidad de lo que pudo haber sido.

Si, somos responsables de lo que nos toca, lo aceptemos o no.


Lobo.